MI COMPADRITO NAZARIO

 

MI COMPADRITO NAZARIO

    Nazario, hombre verdadero del campo, muy  madrugador, un día salió de aquel caserío, sector las Cuibas por allá en  Cubiro, Municipio diego de Lozada, su esposa al verlo tan tempraneado le pregunta: Dónde va usted con tanta gomina en ese pelo? Bueno yo visitare mi tía, ese no es problema suyo! “Aquella  mala respuesta,  característica de los viejos para imponer su machismo el como si nada-Salió por aquellos  caminos de Dios, al  llegar al terminal del poblado se monta en el único autobús que salía al madrugar de aquella zona montañosa. El compa se instaló cómodamente  en la cocina, como la llamaban  antes, los pasajeros viajantes o sea el último puesto de atrás. 

Aquel autobús ya habían recorrido la mitad del camino, mientras que Nazario quien se fue quedando dormido viajo  mitad despierto la otra mitad rendido. Se despertó cuando ya estaba en el terminal, notando que estaba solo los demás     pasajeros se habían ido, el pobre personaje no se dio cuenta  cuando llego. Mientras  su lado muy pegadito, un bicho raro le acompaña aquel  pegajoso  sujeto le tenia una propuesta de negocio. Porque por allá esos endemoniados personajes andan todo el día, en un solo caminar por aquellos pasillos, buscando incautos para cubrir  sus necesidades. Así fue como aquel individuo consiguió su numerito con el pobre de mi compadre quien  todavía medio dormido,  con el campesino a millón en su cabeza mientras aquel tipo lo intimida dramáticamente diciéndole:-Señor déjeme limpiarle los zapatos! Mi compa lo mira de refilón, contestándole: -No es necesario, los tengo muy pulíos,  además  vengo a visitar a mi tía. Aquel bicho malamente casa pendejo, le acecha con otra  mirada, como hipnotizante: “-Mi señor entiéndame mi mamá esta muy mal es epiléptica,   por favor ayúdeme déjeme limpiárselos.”

        Aquel de mi   a campesinado compay  con el pendejo a flor de piel,  más  el reflejo retrato de jornalero que nadie  se lo quita. mientras el limpión de zapato  lo siguió  acosando angustiadamente pensando en los treinta bolos par su menester. El pobre Nazario. Preocupadamente  le  pregunta -Bueno pero cuánto me cobras? “-Solo son treinta  bolos, le dice el maligno bicho limpiador. Mi compadre ?No es caro verdad?” No señor”  Le dice el pillo. -Además haz bien y no mires a quién. -Está bien le voy a ayudar, pero dele rapidito ando  muy apresurado pues como vera  voy de visita a mi tía. El andariego embaucador le contestó, tranquilo tío no hay buey! Sacando de su bolsillo una tablita  de 30 centímetros de largo como por 10 de ancho, con dos clavos en la punta sobresaliente  y dos más  cortos a  media tabla,  sería como para afincar el zapato de sus víctimas a estafar. Aquel tramoyero empieza su mini espectáculo, haciendo destrezas  con  sus  manos, dando  aplausos  de redoblante impresionando su victimario, con  respectivos salivazos, sonando palmadas, para indicar  el cambio  de  colocar el otro zapato. Al terminar su trabajo, suena un (fuiooo) desentonado y hasta desafinado silbato  indicando  listo. Bella forma de especular a los incautos mientras el compa se queda pensando.  ¿Qué coño será esto ni de cuenta me di)?.

    Pensó en silencio, el madre  me dio jaque mate  rapidito. Aquel Nazario sacando  su arrugado pañuelito del bolsillo, que le servía de cartuchera. Cuidadosamente destapa el escondite donde tenia  la plática que traía  para los pasajes; le dice tome mientras  el limpiador lo mira  y  exclamó: Qué es esto? Usted me cree pendejo  o me piensa  robar?“-Yo por qué? Le dice mi compa ¡Usted me dijo treinta dijo el compa,  lo que me quede  será para el pasaje de regreso. Aquel trampero afina su teatrología, con su respectivo enojo de  embaucador, lo mira  amenazándole:“-Cómo se le ocurre? Acaso usted es mocho?  Yo le limpie dos zapatos, si no me paga completo voy a la Jefatura y lo denuncio por estafador.

     Aquel compadre mío se asustó tanto cuando el hombre le dijo lo denuncio y jefatura,  metió su mano de nuevo al bolsillo sacando los otros billeticos que quedaban, se los dio todos.  Entonces al trote limpio de  zapato pulió,  salió mi compa  corriendo de aquel terminal, pensando en que vaina  me empavo ese coño. Siguió caminando analizando aquel embrollo, hasta llegar  a una plaza pública por lo grande era como el creo  parque Ayacucho. Allí cogió fuerzas, luego partió camino hacia  la  ribera del río turbio que costea la ciudad. Aquel rio  por lógica de sus  instintos, suponía  que si  encaminaba río arriba de aquel caudal de aguas revueltas le solucionaría su problema. Esa caminata lo  llevaría hasta su morada. Donde él vivía también  pasaba  aquel rio.  Presto y  zumbado le dio por el centro  aguas  arriba, con el pantalón enrollado hasta las rodillas, los mismos zapatos  amarrados  al cuello con  los cordones bien anudados. Por fin después de casi todo un día, de agonía  hambriento  y requemado por aquel solazo,  que llegó anocheciendo llega  al lugar donde vivía. Apareció emparamado todo achicopalado, viéndolo su compañera la comadre le pregunta -Qué me le pasó?  Por qué vienes así tan  "poquitiquitiquitico" Mi compadre molesto y medio:  respondió. No es problema suyo, además para no ensuciar los zapatos me los traje al cuello amarrados, porque allá en el terminal un madre del coño me vio la cara del juan  pendejo. No comento más nada  dijo mi compadrito. Fueron sus vivencias aquel  amigo del campo mi compadre Nazario hoy lo recuerdo con mucho respeto.

DouglasDLAT      


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