MI COMPADRITO NAZARIO
MI COMPADRITO NAZARIO
Aquel autobús ya habían recorrido la mitad del camino, mientras que Nazario quien se fue quedando dormido viajo mitad despierto la otra mitad rendido. Se despertó cuando ya estaba en el terminal, notando que estaba solo los demás pasajeros se habían ido, el pobre personaje no se dio cuenta cuando llego. Mientras su lado muy pegadito, un bicho raro le acompaña aquel pegajoso sujeto le tenia una propuesta de negocio. Porque por allá esos endemoniados personajes andan todo el día, en un solo caminar por aquellos pasillos, buscando incautos para cubrir sus necesidades. Así fue como aquel individuo consiguió su numerito con el pobre de mi compadre quien todavía medio dormido, con el campesino a millón en su cabeza mientras aquel tipo lo intimida dramáticamente diciéndole:-Señor déjeme limpiarle los zapatos! Mi compa lo mira de refilón, contestándole: -No es necesario, los tengo muy pulíos, además vengo a visitar a mi tía. Aquel bicho malamente casa pendejo, le acecha con otra mirada, como hipnotizante: “-Mi señor entiéndame mi mamá esta muy mal es epiléptica, por favor ayúdeme déjeme limpiárselos.”
Aquel de mi a campesinado compay con el pendejo a flor de piel, más el reflejo retrato de jornalero que nadie se lo quita. mientras el limpión de zapato lo siguió acosando angustiadamente pensando en los treinta bolos par su menester. El pobre Nazario. Preocupadamente le pregunta -Bueno pero cuánto me cobras? “-Solo son treinta bolos, le dice el maligno bicho limpiador. Mi compadre ?No es caro verdad?” No señor” Le dice el pillo. -Además haz bien y no mires a quién. -Está bien le voy a ayudar, pero dele rapidito ando muy apresurado pues como vera voy de visita a mi tía. El andariego embaucador le contestó, tranquilo tío no hay buey! Sacando de su bolsillo una tablita de 30 centímetros de largo como por 10 de ancho, con dos clavos en la punta sobresaliente y dos más cortos a media tabla, sería como para afincar el zapato de sus víctimas a estafar. Aquel tramoyero empieza su mini espectáculo, haciendo destrezas con sus manos, dando aplausos de redoblante impresionando su victimario, con respectivos salivazos, sonando palmadas, para indicar el cambio de colocar el otro zapato. Al terminar su trabajo, suena un (fuiooo) desentonado y hasta desafinado silbato indicando listo. Bella forma de especular a los incautos mientras el compa se queda pensando. ¿Qué coño será esto ni de cuenta me di)?.
Pensó en silencio, el madre me dio jaque mate rapidito. Aquel Nazario sacando su arrugado pañuelito del bolsillo, que le servía de cartuchera. Cuidadosamente destapa el escondite donde tenia la plática que traía para los pasajes; le dice tome mientras el limpiador lo mira y exclamó: Qué es esto? Usted me cree pendejo o me piensa robar?“-Yo por qué? Le dice mi compa ¡Usted me dijo treinta dijo el compa, lo que me quede será para el pasaje de regreso. Aquel trampero afina su teatrología, con su respectivo enojo de embaucador, lo mira amenazándole:“-Cómo se le ocurre? Acaso usted es mocho? Yo le limpie dos zapatos, si no me paga completo voy a la Jefatura y lo denuncio por estafador.
Aquel compadre mío se asustó tanto cuando el hombre le dijo lo denuncio y jefatura, metió su mano de nuevo al bolsillo sacando los otros billeticos que quedaban, se los dio todos. Entonces al trote limpio de zapato pulió, salió mi compa corriendo de aquel terminal, pensando en que vaina me empavo ese coño. Siguió caminando analizando aquel embrollo, hasta llegar a una plaza pública por lo grande era como el creo parque Ayacucho. Allí cogió fuerzas, luego partió camino hacia la ribera del río turbio que costea la ciudad. Aquel rio por lógica de sus instintos, suponía que si encaminaba río arriba de aquel caudal de aguas revueltas le solucionaría su problema. Esa caminata lo llevaría hasta su morada. Donde él vivía también pasaba aquel rio. Presto y zumbado le dio por el centro aguas arriba, con el pantalón enrollado hasta las rodillas, los mismos zapatos amarrados al cuello con los cordones bien anudados. Por fin después de casi todo un día, de agonía hambriento y requemado por aquel solazo, que llegó anocheciendo llega al lugar donde vivía. Apareció emparamado todo achicopalado, viéndolo su compañera la comadre le pregunta -Qué me le pasó? Por qué vienes así tan "poquitiquitiquitico" Mi compadre molesto y medio: respondió. No es problema suyo, además para no ensuciar los zapatos me los traje al cuello amarrados, porque allá en el terminal un madre del coño me vio la cara del juan pendejo. No comento más nada dijo mi compadrito. Fueron sus vivencias aquel amigo del campo mi compadre Nazario hoy lo recuerdo con mucho respeto.
DouglasDLAT
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